Saturday, October 3, 2009

Memorias del ego I



4 de mayo del 2006


Ando MUY estresada, algo nerviosa porque tengo mucho que hacer y hoy en clase de ética me dieron una buena lección de humildad, fijáte. Íbamos a hacer un laboratorio de un tema que no estudié nada, en el que mi hermana me hizo el resumen. Yo ese tema nada más lo hojeé y me olvidé completamente de él, no lo repasé ni le di importancia.

A medio laboratorio, tenía la hoja en blanco. Me enojé y me frustré tanto, que agarré la página y la hice puño, la tiré al lado del pupitre y agarré otra hoja para anotar. El profesor se dio cuenta y me pregunto que me pasaba. No le respondí, solo agaché la cabeza, y medio susurré: "nada". Le pregunté entre ofuscada, molesta, frustrada y triste (casi chillaba de la gran cólera y frustración) que si le daba la hoja en blanco o no se la entregaba porque no me acordaba de nada. Vino él y me dijo que me esperara, que al final las entregaríamos todas. Así pase todo el laboratorio, fueron como 20 minutos de agonía. Yo al final ya me había resignado a sacarme cero porque había sido totalmente mi culpa, así que ni modo, esperé y ya ni dije ni hice nada.

Pasó el tiempo, y el profesor levantó el papel hecho bola que tenía a la par y dijo en voz alta: "Bueno, ahora agarren todos su papeleta y hagan con ella lo mismo que hizo su compañera".

Te imaginás la reacción de todos? Unos estaban en shock, otros enojados porque habían contestado bien, otros protestando, otros como aliviados... mínimo toda la clase quería matarme, supongo yo.

Asi que todos a tirar la hoja al basurero hecha puñito, y todas las papeletas al basurero. Yo me sentía peor que si me hubiera gritado enfrente de todos. Esa clase va a ser de esas lecciones que en mi vida jamas vas a olvidar.

Entonces el profesor dijo que eso pasaba cuando nosotros no nos poníamos a pensar en nuestras verdaderas posibilidades, y que por un error podíamos echar literalmente a la basura todos nuestros esfuerzos, que lo hizo para demostrarnos que en verdad duele que desperdiciemos nuestros logros. No valió el laboratorio al final.
Salieron todos, y me disculpé con el profesor, diciéndole que sentía que le debía una disculpa por portarme asi, y que le era sincera al decirle que hice ese trabajo por salir del paso y sin la dedicación que se merecía.

Sunday, September 20, 2009

Photodump II

.... porque hay días en que amanezco feliz, sigo feliz y me acuesto feliz. Y porque ha pasado ya casi año y medio y sigo más enamorada que en el primer día. Siento algodón dentro de mis costillas, las piernas me tiemblan y me falta el aire.





Saturday, August 22, 2009

Acuarelas


Era una niña que se miraba al espejo y se sentía extraña, se preguntaba si acaso los extraterrestres la mirarían mal y si era ésa su verdadera cara. El pelo, los ojos... todo encajaba pero no encajaba. Se preguntaba si acaso serían de piel azul, quizás blanca. También pensaba que los rayos eran lanzas doradas que tiraban desde las nubes y creía que los arcoiris eran puentes a otro mundo. Pensaba en cosas extrañas y no se aburría.

Recogía su oso de tela viejo y volvía a la mesa del jardín para dibujar algo más. Sí, los ángulos de un pie con zapatos de tacón se entendían mejor si los dividía en figuras geométricas, así descubrió que todo se dibujaba mejor con puras líneas, curvas y articulaciones. Volvió a verse y se dio cuenta que su cara no tenía una forma ovalada pero tampoco era redonda, notó que sus ojos tenían una forma almendrada y su boca tenía un lunar pequeño en el labio inferior. Decidió que observaría todo a su alrededor para dibujarlo mejor. Se dio cuenta que las telas brillaban, que las arrugas se podían ver preciosas y que el pelo movido por el viento era casi siempre lo más elegante que una persona podía tener. Ponía atención especial a sus zapatos. Adora todavía los zapatos.

Cuando le hacía falta un lápiz, dibujaba con los dedos y en el aire, estudiaba las formas. Pasaron los años... siguió con el mismo vicio. De pequeña manchaba las paredes, siempre dibujaba nubes tirando lluvia, estrellas o flores. Luego le dio por dibujar hojas y alas. Llenaba cuadernos propios y ajenos de garabatos que nadie entendía. Como era una niña solitaria, no compartía sus juegos con nadie mas pero así era feliz. Siempre quiso un hermano que le enseñara a jugar rudo y a correr, alguien que la protegiera en el colegio y que fuera a traerla después de clases. No había ni hubo un hermano, así que siguió dibujando sola. Mezclaba colores, usaba nuevas líneas y coleccionaba objetos pequeños con formas interesantes: un caracol, una perla suelta, un dije sin cadena, un peine de juguete, un camafeo, una barrita de incienso, un trocito de encaje, una argolla sin par, un anillo roto, un cromo suelto. Los combinaba, romántica ella, de tal forma que ninguno se quedara solo.

Pasó años pensando que los juguetes cobraban vida por las noches, por culpa de Andersen y sus cuentos. Lloró luego con el Príncipe Feliz de Wilde y con el ruiseñor de Andersen, se enfureció con Barba Azul de Perrault y adoró a la Pastora de Gansos de Grimm. Platero la deprimió y el Principito la inspiró. Descubrió que las letras se podían juntar en historias imposibles y comenzó a escribir las suyas también. Seguía siendo feliz en su soledad y su mundo inventado.

El tiempo hizo de las suyas y volvió a la niña racional. Ya no hay lanzas doradas ni piensa en los extraterrestres. Y se aburre.

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