Tuesday, July 14, 2009

Variedades del Seis, Salsa Perris y otros

Eran las 4 de la tarde y sonaban "Los Temerarios" cerca de la cocina... Hacía calor y sonaban vasos con hielo por la casa mientras se oía una voz que gritaba: "Fiiiiiiiide! Tráigame por favor más limonada!" - seguido de un "Ya voy, Niña Yolan!"

Era la hora de planchar, de las tareas, de la novela, del "ya va a venir a cenar el señor de trabajar, péreme que estoy haciendo la cena y tengo que ir a planchar, niña". Yo hacía mi lista de palabras indígenas que me habían dejado en "Idioma Nacional" y mi hermana se dedicaba a molestar a la Fide, la había amarrado con una de las dichosas "pitas" para colgar la ropa y le decía que no se preocupara, que ella haría la limpieza ese día. La pobre Fide no hallaba como quitársela de encima: "Mire, Niña Conchi, la niña no me deja ir a cocinar!".

Mi abuela miraba las noticias, mi mamá hablaba por teléfono y mi hermana seguía molestando a la Fide. Tenía unos 21 años cuando llegó a la casa, venía de Santa Elena, Usulután y decía que vivía en el Cantón El Nisperal. Nunca supimos que fue de ella, cuando mi abuela dejó de estar con nosotros nos dijo que se iba a "acompañar" y que se iba de regreso a su casa, a vivir con su "peor es nada". No sé si terminó trabajando en maquila, si tuvo mil hijos como pensamos que le tocaría, o si de plano se lanzó al estrellato y le salió el chance de irse a los "Yunais", como ella decía. Era un caso.

Por ella nos echábamos "Variedades del Seis" con Davys Rosales (permítanme mientras me agacho porque me cae el cumazo, pobre hombre con ese nombre!) y nos enterábamos de todo de la mal-llamada farándula nacional: que si los de Algodón necesitaban bailarina nueva, que si las de Carey le copiaban a las nenas del grupo Caña o al grupo Mandarina, que si el maratón del Zangolote tenía finalistas, que si el baile del sapito era mejor o peor que el baile del atol de elote, que cuantas canciones tenían nombre de comidas (sopa de caracol, sopa de frijoles, las pupusas, el atol de elote, etc), que si la Máquina competía con la Fuerza Band que era imitación de la Raza Band o si el grupo Compacto era totalmente nuevo y venía a revolucionar el sonido de la cumbia. Chaaaas! Juas! Era entonces que sonaban los Bukis o Los Temerarios o los Fantasmas del Caribe y la Selena se murió. Me enteré de la noticia mientras jugaba en mi piscinita inflable del patio, la misma Fide me lo vino a contar entre lágrimas y con una cara de pánico que me hizo pensar lo peor.

Cocinaba lo que ella llamaba "souffle de espárragos", que no era más que un plato de su invención, improvisado que era un capeado de güisquiles con crema Maggi de espárragos de sobre muy espesa, quesillo y crema. Quedaba tan consistente que se le podía cortar como a un pastel. De ella eran también los purés de papa con "Salsa Perris" y salchichas refritas que le daba a mi abuela con su café de la tarde acompañado de dos panes quemados a los que les raspaba la ceniza. Y mi abuela se lo comía feliz, así le gustaba. Cuando hacía las listas para las compras que mi abuela le pedía, la Fide (entre otras cosas) ponía:

  • 2 botellas de salsa dulce (era el Ketchup, salsa de tomate)
  • Tomatinas
  • Gelatinas para las niñas
  • Mostaza para el señor
  • Veneno para zompopos
  • papelaluminio
  • Salsa Perris
  • Sopa Magui
  • Jelatina
  • Cubitos (entiéndase, jamás fueron de res, sólo de pollo)
  • crema y queso para chancletas
Era atrevida ("Niña Conchi, me presta diez pesos para el pasaje?", "Ay este hombre! Mire me dijo que me veía pura puta con la permanente y yo, mire, lo putié! Vacrer?"), tenía novios a cada rato (los vigilantes o los policías le llamaban la atención, mi hermana platicaba con ellos cuando llamaban a la casa, les preguntaba el nombre o se equivocaba, diciéndoles a veces el nombre del Ex en lugar del de ellos) y creía que yo sería la nueva genio del diseño de modas ("Mire que chulo el vestido que me dibujó la niña! Allá a la niña Moncha le vuá decir que me lo cosa!" En el Carnaval voy a ser la envidia!")... No bromeaba, se mandó a hacer dos con la misma hechura pero de distinto color y de distinta tela, tenía uno hecho de pana y otro de cáscara de huevo con detalles de lino y otra tela tornasol a la que jamás le supe el nombre). Cuando regresó nos contó que con el calor de Usulután, el vestido la ahogaba y que se le había derretido el pastel del "Pocs" con el que pensaba impresionar a toda la familia. Uno de sus mayores orgullos fue llegar a una Casa Comercial de Oriente a comprar un "chifonier" y pagarlo "caish" para llevárselo a su casa, que vieran que ella solita se compraba sus muebles y ayudaba a la familia además. Jamás se puso uniforme y tampoco se lo pedimos, como en otras casas. (A mí, hasta la fecha, me parece ofensivo cuando veo a las viejas esas encopetadas que uniforman a su personal y se las llevan al supermercado para que les lleven la carretilla mientras ellas caminan adelante con sus carteras caras.) La Fide tenía su propio sentido de la moda, no se ponía nada plateado o dorado ni nada de "licras" pero adoraba las telas nacaradas y los esmaltes de uñas rosado chillón o los tules... mientras oía a Vilma Palma e Vampiros.

Nos hizo falta la Fide cuando se fue. Ni la Tita, Adelita, Marta, Mari, Inés, Rosa o la Ña Chave nos hicieron la vida tan divertida como ella. La adoramos. Sniff.

En muchas casas hubo una chacha, aquella mujer (joven, viejita, no importaba) que se levantaba antes que los dueños de la casa y se dormía después de todos, que salía con permiso cada quince días y se perfumaba los sábados y regresaba el domingo por la tarde. No comía en la mesa, sino en la cocina y algunas hasta llevaban sus hijos a la casa. En la repisa de su cuarto, el más frío o caluroso de la casa, se veían todos sus menjurjes, pero los más notables eran el Ralco (me indigno! No existe en la búsqueda de imágenes de Google! Oh, Google.... por primera vez, me has fallado!), la crema de tortuga, la Romance, Ponds o Aquamarine, el spray AquaNet para las más modernas, la "brillantina", la crema de serpiente Apretadora, el aceite de Sapuyulo para la caída del pelo, un peine fino, esmaltes de uñas Lolita o Darosa con su respectivo bote de acetona, perfume "Charlie"de Revlon y un "Pino Silvestre"de regalo para el novio o el papá, un peine redondo, shampoo Palmolive o sin marca y las cuchillas Gillette. No se sabía mayor cosa de ellas y podían pasar toda una vida trabajando en la misma casa, cuidando hijos ajenos, cocinando la misma comida de todos los días y haciendo la limpieza por un sueldo que ahora no es ni el mínimo: en ese entonces las que mejor ganaban, sacaban mil colones, unos $114 de ahora por mes con comida incluida y techo incluido. Una miseria, sinvergüenzada! Aun así, la Fide con eso pagó closet para su cuarto, mandó a poner azulejos (era la pistuda de su cuadra) en su casa, encargaba vestidos con telas que ella misma compraba en Simán y se compró un reloj para su cumpleaños.

Se oían toda clase de historias raras y nos tocó vivir algunas. Una que trabajaba con una amiga de mi mamá salía por las noches con la ropa interior "prestada" a bailar a saber donde... una que tuvimos (no me acuerdo ni de su nombre, no estuvo mucho con nosotros) metió a un hombre a la casa y lo tuvo encerrado en su cuarto dos noches hasta que mi papá se dio cuenta... otra se fue porque dijo que le salía mejor "acompañarse con un cabo de la Escuela Militar porque no la iba a hacer trabajar" (Si, cómo no...) y una última demandó al jardinero por no se qué.

Pero no la Fide. Ella se concentraba en lo que llamaba "la visión de tener mejor vida como fuera" y me imagino que hasta la fecha la sigue buscando, sea en una maquila, sea en los "Yunais" o sea como la mamá de dos niñas (como dijo que tendría) a las que les ha de haber puesto Hazel Veralis y Joanna Elizabeth. Seguramente las mandó a la escuela para que "no fueran brutas como ella" (según decía, pero era demasiado viva para su bien aunque hubiera llegado nomás a noveno grado) y a lo mejor les enseñó que no se hicieran la permanente "no sea que en la calle les digan que parecen putas".

0 comentarios: