Saturday, August 22, 2009

Acuarelas


Era una niña que se miraba al espejo y se sentía extraña, se preguntaba si acaso los extraterrestres la mirarían mal y si era ésa su verdadera cara. El pelo, los ojos... todo encajaba pero no encajaba. Se preguntaba si acaso serían de piel azul, quizás blanca. También pensaba que los rayos eran lanzas doradas que tiraban desde las nubes y creía que los arcoiris eran puentes a otro mundo. Pensaba en cosas extrañas y no se aburría.

Recogía su oso de tela viejo y volvía a la mesa del jardín para dibujar algo más. Sí, los ángulos de un pie con zapatos de tacón se entendían mejor si los dividía en figuras geométricas, así descubrió que todo se dibujaba mejor con puras líneas, curvas y articulaciones. Volvió a verse y se dio cuenta que su cara no tenía una forma ovalada pero tampoco era redonda, notó que sus ojos tenían una forma almendrada y su boca tenía un lunar pequeño en el labio inferior. Decidió que observaría todo a su alrededor para dibujarlo mejor. Se dio cuenta que las telas brillaban, que las arrugas se podían ver preciosas y que el pelo movido por el viento era casi siempre lo más elegante que una persona podía tener. Ponía atención especial a sus zapatos. Adora todavía los zapatos.

Cuando le hacía falta un lápiz, dibujaba con los dedos y en el aire, estudiaba las formas. Pasaron los años... siguió con el mismo vicio. De pequeña manchaba las paredes, siempre dibujaba nubes tirando lluvia, estrellas o flores. Luego le dio por dibujar hojas y alas. Llenaba cuadernos propios y ajenos de garabatos que nadie entendía. Como era una niña solitaria, no compartía sus juegos con nadie mas pero así era feliz. Siempre quiso un hermano que le enseñara a jugar rudo y a correr, alguien que la protegiera en el colegio y que fuera a traerla después de clases. No había ni hubo un hermano, así que siguió dibujando sola. Mezclaba colores, usaba nuevas líneas y coleccionaba objetos pequeños con formas interesantes: un caracol, una perla suelta, un dije sin cadena, un peine de juguete, un camafeo, una barrita de incienso, un trocito de encaje, una argolla sin par, un anillo roto, un cromo suelto. Los combinaba, romántica ella, de tal forma que ninguno se quedara solo.

Pasó años pensando que los juguetes cobraban vida por las noches, por culpa de Andersen y sus cuentos. Lloró luego con el Príncipe Feliz de Wilde y con el ruiseñor de Andersen, se enfureció con Barba Azul de Perrault y adoró a la Pastora de Gansos de Grimm. Platero la deprimió y el Principito la inspiró. Descubrió que las letras se podían juntar en historias imposibles y comenzó a escribir las suyas también. Seguía siendo feliz en su soledad y su mundo inventado.

El tiempo hizo de las suyas y volvió a la niña racional. Ya no hay lanzas doradas ni piensa en los extraterrestres. Y se aburre.

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Now playing: 19 - La Valse D'Amelie
via FoxyTunes

2 comentarios:

Elena said...

Es tuya esa ilustración?

Iojiki Onibi said...

No, fijate. Las mías están acá: http://deuxia-devonair.deviantart.com/gallery/

Tengo un bloqueo que ya se va arrastrando por casi medio año... T_T